Recuerdo muy bien el día que murió el padre de mi papá, él estaba muy sentimental, lo cual no era común en él. Aunque yo no era muy cercano a mi abuelo, el tan solo pensar que yo algún día yo pasare por lo mismo me hizo llorar en secreto. Tomé la mano de mi papá y le hice saber con ese gesto que yo estaba con él y que también me dolía, empatizaba con su dolor.
Al salir del velorio, dos amigos de mi padre estaban afuera, sus caras mostraban un genuino pesar, lo acompañaban en presencia y en sentimiento. Yo los recordaba desde que era niño y me impresionaba que aun fueran amigos y que estuvieran en un evento tan importante para él.
Esto me hizo reflexionar mucho sobre el valor de la amistad. ¿Quién estará conmigo cuando un ser querido se aparte de mi lado? ¿Quién me acompañara en el altar cuando decida consumar mi matrimonio? ¿Quién me hará recordar que esta vida no venimos a experimentar solos la felicidad, el amor e incluso la misma tristeza? Si no tienen la respuesta a todas esas preguntas, entonces habría que reevaluar la calidad de amigos que tenemos y cómo procuramos nuestra cercanía con estas personas. Y para eso no tengamos muchos contactos, reduzcámoslos e invirtamos nuestro valioso tiempo en aquellos que sí lo valen. Créanme cuando lo hagan se sentirán más libres, más valorados y ellos lo sentirán. Apliquen el minimalismo no solo en los objetos sino en su circulo de amigos.
Solo quiero cerrar esta reflexión de hoy con una cita.
“Se ama aquello por lo que se trabaja, y se trabaja por lo que se ama” Erich Fromm
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